Archive for the ‘Alimentación’ Category

Cooperativas alternativas que funcionan

Ya he hablado en más de una ocasión de mi apuesta por la cooperativas como modelo organizativo (si queréis llamadlo forma jurídica) del Siglo XXI (por decirlo de manera bonita). En una cooperativa la figura central es la persona. En una cooperativa juntamos el capital y el trabajo en la misma persona. En una cooperativa, la comunicación es horizontal, de tú a tú. En una cooperativa no existe la figura del jefe. Todos son jefes y empleados.

Incluso la propia definición que da el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio me gusta: “Sociedad constituida por personas que se asocian, en régimen de libre adhesión y baja voluntaria, para realizar actividades empresariales, encaminadas a satisfacer sus necesidades y aspiraciones económicas y sociales, con estructura y funcionamiento democrático.

Es bien sabido que Mondragón Corporación Cooperativa (MCC) es la mayor cooperativa del mundo. La tenemos aquí en el País Vasco: 103.000 empleados, 84.000 de los cuales son cooperativistas. Y ya veis como el buscador de los buscadores devuelve una gran amplitud de resultados buscando por las mayores cooperativas del mundo. Vamos, que parece que es una apuesta que han realizado muchos a lo largo del mundo.

Muchos todavía conviven con el cliché preconcebido que las cooperativas acaban convirtiéndose en sociedades capitalistas. Las comparaciones son odiosas, pero dado que tras la Gran Depresión, se dio esta reconversión de cooperativas a sociedades capitalistas (¿os suena eso del capitalismo no?), pues de un caso particular, proceso deductivo realizado.

No estoy de acuerdo. Y por ello, hoy vengo a exponer casos de éxito, en sectores menos conocidos, de cooperativas que triunfan. No hay que irse a EEUU para hablar de casos de éxito, pero hoy os presento algunos de allá que aquí se conocerán menos:

1. Cooperativas en el sector sanitario en EEUU

Como comenté en el artículo sobre la reforma sanitaria de Obama, en EEUU, el tema de la sanidad es uno de esos temas que mejor no toques. Una sanidad pública irrita a los conservadores (republicanos y el ala más tradicional de los demócratas).

Es por ello, que la alternativa de las cooperativas está empezando a florecer en el debate público. Existen casos de éxito en varios lugares de EEUU, y todos se asientan en los mismos principios: conseguir una mayor cobertura con un menor coste para los miembros. Los beneficios que se obtienen son reinvertidos en los pacientes y los costes asociados.

Claramente son una alternativa de reducción de costes (que es el segundo objetivo prioritario de la reforma, además de dar cobertura a esos 46 millones de ciudadanos que no gozan de la misma), y lo que es más importante, como decía al principio, una cooperativa se asienta sobre la política de libre adhesión y baja voluntaria, por lo que solventaría el problema que sufren ahora muchos americanos que ven como las aseguradores les niegan la entrada.

2. Cooperativas en las cocinas de EEUU

El titular de esta noticia lo dice todo: ahorrar tiempo y stress con las cooperativas. Y es que hoy en día la cocina ha dejado de ser un sitio donde las familias pasan un rato de descanso y relax, ya que ahora ambos miembros de la familia se han incorporado al mundo laboral. Ya no hay tiempo para cocinar. La vida es puro stress, no sólo en EEUU, sino en la mayoría de las economías occidentales.

La historia que expone la noticia cuenta la historia de una familia de Brooklyn que ha pasado a formar parte de una cooperativa, y ahora tiene la oportunidad de comer variado y todo casero, y por si no fuera poco, sólo una fracción de todo lo que comen es cocinado por la propia familia.

¿Cómo se consigue esto? Pues con el carácter solidario y colaborador de toda sociedad cooperativa. En la cocina, éstas se basan en acuerdos de 2 ó 3 individuos o familias para preparar comidas para todos, formando familias más grandes con todos los miembros de la cooperativa. Todo ello, bajo una detallada programación, de forma que se posibilita reducir tiempo en la cocina mientras se amplia la calidad y la variedad de la comida que se degusta.

Una vez a la semana, cada familia cocina en ingentes cantidades para nutrir con una ración de un plato determinado bajo una planificación previa (así hay variedad nutricional) a todos los miembros adultos (los niños son “tasados” con medias raciones). Lo cocinado se empaqueta en contenedores reciclables, añadiendo instrucciones  y/o comentarios si es preciso algún detalle.

Posteriormente, las diferentes familias se reúnen para distribuirse lo cocinado. Incluso, de esta forma, se consigue distribuir a otros lo que a una familia hubiera podido sobrar de la comida anterior (esto me parece un campo importante que se debiera trabajar, dado que en EEUU, y supongo que en otras economías desarolladas la proporción será similar, el 25% de la comida es desperdiciada, el equivalente a 350 millones de barriles de petróleo o 2% del total de consumo energético del segundo país más contaminante del mundo, y sobre un 15% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza).

Además, ¿el beneficio económico de no tener que almacenar comida en el refrigerador o el congelador? ¿el beneficio de no tener que acudir tantas veces al supermercado? ¿el beneficio de no tener que poner el lavavajillas después de todas las comidas? ¿el beneficio de poder invertir (el tiempo es nuestro mayor activo) el tiempo de ir al supermercado en otras tareas más productivas? Espero haberos convencido, y sino, quizás lo hagan los 75 dólares semanales que se ahorra la familia que cita el artículo.

Se me ocurre, al hilo de este tipo de cooperativas, que España podría montar algo parecido para el plan de distribución gratuita de alimentos a las personas más necesitas. Con los 75 millones de € que destina ahora mismo, podría montar una red para recoger la comida que sobra y tiramos a diario a la basura. ¿Os imagináis la posibilidad de montar una empresa que se encargase de recoger esta comida y luego darla a los más necesitados? Lo he pensado 1000 veces.. ¡así que ánimo jóvenes emprendedores! (qué viejo estoy…)

3. Cooperativas en el sector residencial

CHF international fue fundada en 1952 como una corporación, pero con el tiempo se dio cuenta que era mejor cooperar, dando entrada a nuevos miembros, y así poder crecer en ayudar a las familias con bajos ingresos en mejorar sus condiciones de vida a través de la construcción de sus propias casas. Es decir, juntémonos, y construyamos entre varios nuestro propio entorno familiar.

Una vez cooperativa, CHF hoy en día, además de microfinanciación para viviendas, también ofrece dichos servicios en áreas de desastre, gestión medioambiental, rehabilitación de estructuras, desarrollo económico, respuesta a conflictos, etc.

Esta alternativa de cooperativa sí que sea quizás lo que más conozcamos por estos lares, ya que son bastante comunes las cooperativas que se juntan para la construcción de viviendas de protección oficial, o personas que comparten una preocupación medioambiental y se deciden a emprender un proyecto común amparado en la instalación de placas fotovoltaicas, etc.

4. Cooperativas en el sector de la distribución

También conocido esto de las cooperativas en la distribución en nuestro mundo occidental (Eroski en España es buena prueba de ello), pero expongo un ejemplo a nivel más de barrio. ¿Os imagináis una tienda de barrio de toda la vida que sea una cooperativa en la que todos trabajamos y compramos a la vez? Pues algo así está triunfando en EEUU.

Buen ejemplo de ello es Park Slope Food Coop, que no sólo funciona de modo cooperativo, sino que además con productos orgánicos y con bolsas recicables (que tanta falta hacen en un mundo cuyas emisiones de CO2 son aportadas en un 60% por la agricultura intensiva derivada de los fertilizantes, insecticidas, transgénicos, etc.).

Como cuenta este artículo, fácil modus operandi: los propietarios y los consumidores son la misma persona. Con una facturación de casi 40 millones de dólares el último año fiscal, exige a todos los miembros de la cooperativa trabajar en ella (por amor al arte claro) y sólo los miembros de la cooperativa pueden comprar. Los únicos requisitos para ser miembro es depositar 100 dólares a fondo perdido, más 25 dólares de fianza.

Cuenta con 15.100 miembros (es un barrio grande sí), 65 de ellos trabajando a tiempo completo, y el resto dedican 2 horas y 45 minutos cada cuatro semanas en trabajos como cortar el queso que compran al por mayor para ahorrar gastos, cuidado de los hijos de otros miembros de la cooperativa mientras sirven a los clientes-miembro que vienen, etc.

Mientras que en otras cooperativas de este estilo existen diferentes formas de asociarse (básicamente pagar más para no tener que trabajar), en esta todo es igualitario, todos somos iguales ante la ley y la cooperativa 🙂

Los ahorros de costes en una cooperativa de este estilo son inmediatos, dado que en una tienda habitual los dos costes con mayor carga son la mano de obra (“gratis” en este caso) y el coste de los productos de venta (se compran al por mayor, y se distribuyen en menores raciones por los propios miembros). Según los propios cooperativistas, PSFC les permite ahorrar hasta un 20-40% de la factura que antes tenían todos los meses. ¿Por qué? Porque aquí no interesa lucrarse, así que los márgenes de la cooperativa son los justos para mantenerla a flote.

Actualmente existen ya 200 cooperativas de este estilo en EEUU.

 

Cooperemos, seamos solidarios y democráticos, y dejemos de buscar el bien individual como medio de regulación del mercado, que diría Adam Smith. Más altruismo, menos hedonismo individualista.

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Comentario del artículo ¿Y qué pasa con los biocombustibles?

Hace pocos días recibí un comentario de este artículo que escribí hace un par de meses sobre los biocombustibles. Es de un amigo, Germán, que está actualmente en Brasil, y comentaba una serie de cuestiones muy interesantes sobre el tema de los biocombustibles. A continuación copio-pego directamente su comentario, ya que me parece interesante compartirlo con todos vosotros:

Buenas Alex, me gusta mucho tu blog, pero en este caso soy bastante contrario a lo que expones. Voy a intentar explicarme punto por punto, porque con lo que no estoy de acuerdo es con la idea de fondo, no con los hechos que expones.

Primero, el aumento del coste de los alimentos en 2007 y 2008 se debe a un buen número de cosas de mayor impacto que la producción de biocombustibles, principalmente a la especulación en los mercados de materias primas. Creo que el problema de la desnutrición a escala mundial no responde a un número escaso de alimentos, sino a un mal mercado del mismo. Este es un mercado efectivamente de gran volatilidad, pero sobre todo por la especulación que sufre, más desde la crisis ya que se ha convertido en un refugio. Lo que debería hacerse es minimizar las actividades de especulación en este tipo de mercados.

Adicionalmente, se dieron otros factores que también contribuyeron al aumento de precios de los alimentos (aparte de la producción de biocombustibles):

– La inflación, históricamente impulsada por el precio del petróleo y el gas, y
– El propio precio de petróleo y gas que aumenta el precio de fertilizantes (en gran parte derivativos del petróleo) y de la energía para la producción mecanizada de alimentos y su transporte.
– Aumento de población en países en vías de desarrollo (sobre todo China) unido al incremento de su renta
– Cambio de dieta en los países ricos que prefieren una mayor cantidad de carne y aumentan el consumo de productos agrícolas indirectos (forraje de los animales).
– Disminución de las reservas globales de comida. En el pasado la mayoría de los países tendían a acumular reservas, pero debido al ritmo en que se podían producir (alimentos transgénicos) e importar (eliminación de barreras en las rondas de la OMC) se decidió disminuirlas.
– Pérdida de zonas de cultivo debido a la erosión de la tierra, el agotamiento del agua, la excesiva urbanización o desastres climatológicos.

De este modo, creo que se observar que el aumento del precio de los alimentos fue coyuntural y se debió a una mala organización de su mercado, a una mala previsión, y no a un problema de fondo. En el mundo los alimentos no escasean, nunca ha ocurrido, el problema siempre ha sido el desigual reparto del mismo. De hecho los precios descendieron drásticamente a lo largo del 2009, siguiendo la senda de otras de materias primas que nada tienen q ver con los alimentos como el petróleo, el gas, el carbón, el aluminio o el acero.

En otro orden de cosas, la producción de alimentos va en línea con lo que un agricultor vaya a ganar con ello. De este modo, en los años anteriores a la crisis, el mundo vivió un exceso de producción que tiró los precios a la baja. En respuesta a ese movimiento de los precios los agricultores decidieron disminuir cierto porcentaje de esa producción de alimentos para destinarlo a otros fines (entre los que se encuentran los biocombustibles), pero volvemos a ver es un mal funcionamiento del mercado. En mi opinión en este punto lo que más daño hace son las enormes subvenciones que EEUU y Europa (la famosa PAC) dan a sus agricultores, que son los que crean esos excesos de oferta de una manera no competitiva, y de paso hunden a los países más pobres. La solución pasaría por una disminución o eliminación de estos subsidios, pero ya sabemos cómo se pone Francia o España con la PAC y tampoco me quiero imaginar las facilidades que encontraría Obama para abrir al libre mercado todos los campos agrícola del ultraconservador centro de los EEUU. Curiosamente es EEUU el mayor productor de biocombustibles a partir de materias aptas para el consumo (trigo, maíz), también tendrán que ver las ayudas que reciben estos productores, sin ellas estaríamos en un mercado más justo donde no compensaría tanto producir biocombustibles (como ocurre en España donde la producción es muy baja y no se vende nada porque todo se importa a EEUU y Argentina, que también subvenciona la colza, lo que no se entiende es por qué España si quiso impulsar la producción de biocombustibles no subvencionó el girasol, que había para dar y tomar y se dejó de cultivar por no ser rentable).

Segundo, no todos los biocombustibles provienen de materias aptas para el consumo humano (sólo se menciona azúcar –que por cierto no ha tenido ningún problema de precio y en Brasil se viene usando como combustible desde hace muchísimos años por buscar una salida a su exceso de oferta-, maíz, soja y almidón), de hecho si se quitasen las subvenciones los más rentables (quizá los únicos) se producen con plantas/frutos no comestibles o con aceites reciclados (lo que se recoge en el McDonalds y demás grasas animales etc.). En España mayoritariamente se producen con aceite de palma y aceite usado, éste último ha sido el único eficiente en los últimos años por el precio desorbitado del aceite (aquí sí que influye directamente la producción de biocombustibles), a no ser que el productor sea también el aceitero. A su vez, el precio de este aceite reciclado también es inferior al de la soja y la colza, los otros productos aptos para la alimentación que se emplean en España.

En cuanto al aceite de frutos no comestibles yo no conozco mucho, pero sé que en países como Brasil se están usando un par de plantas, conozco la jatofra que es una planta que se puede encontrar en la zona de mato de Bahía o en la zona preAmazónica de Mato Grosso (más grande en extensión que Francia y España juntas). Los frutos de esta planta no se comen, de hecho no se usan para nada, pero mezclándolo con etanol y gasóleo el coche anda. Si todavía estos productos no son muy conocidos es porque aún no se ha conseguido una producción masiva de los mismos, pero ya empiezan a ser rentables y en unos años se extenderán. De este modo, subvenciones aparte, son los materiales no comestibles los que resultarían y resultarán más rentables en la elaboración de los biocombustibles.

Tercero y último, los biocombustibles, tienen muchas ventajas medioambientales. En este punto no me voy a explayar, y más después de la chapa que estoy metiendo, pero todo lo que sea disminuir la dependencia de combustibles fósiles suma. Si a esto le sumas que en muchos casos hablamos de sacar energía de plantas que contribuyen a expulsar oxígeno pues más que mejor.

Concluyendo, abogo radicalmente por el uso de biocombustibles, si bien su producción no debe estar sustentada en subvenciones (porque coincide que en este caso no están siendo positivas, no porque me niegue al uso de las mismas), debe ser tenida en cuenta para ajustar la oferta de alimentos, y sobre todo, tiene que estar acompañada por una regulación de los mercados de alimentos (como todo el sistema financiero en general, pero esa es otra historia).

Un abrazo Alex.

¿Y qué pasa con los biocombustibles?

Hace poco salió a la luz una noticia cuando menos preocupante: al parecer Nestlé, vía su producto Kit Kat, está contribuyendo a arrasar con los bosques de Indonesia. No sólo es una mala noticia para Nestlé, que veía su imagen bastante lastrada (sobre todo a través de la difusión de este vídeo a cargo de Greenpeace), sino también en términos generales para la sociedad.

El vídeo es bastante explicativo por sí mismo: un trabajador de oficina que abre un Kit Kat (producto de Nestlé) y se encuentra el dedo de un orangután. Este vídeo, que parodia el anuncio del Kit Kat que tiene Nestlé en televisión, es un intento de Greenpeace de exponer al público como Nestlé compra aceite de palma (un ingrediente fundamental de la mayoría de sus productos) que es obtenido en los bosques donde habitan orangutanes en Indonesia.

Y es que la vida de uno de nuestros primos (la diferencia entre el ADN de los orangutanes y el ser humano/Homo Sapiens es sólo del 3,1%) no es fácil en Malasia e Indonesia, donde son nativos. Productoras como Sinar Mas, la mayor productora de aceite de palma de Indonesia, están debastando los habitats de los países megadiversos, violando incluso las leyes del país para así poder producir más.

Esta debastación de los bosques, no sólo daña el hábitat de seres vivos como el citado caso de nuestro primo el orangután, sino que además, se acompaña este saqueo con la destrucción de las ricas formaciones de turba que liberan CO2 (ayudando a que Indonesia sea el tercer país en cuanto a emisión de gases de efecto invernadero) y la deforestación y sus problemas derivados (eliminación ciclo hidrológico en la alimentación de flora y fauna con el agua retenida por árboles, mayor facilidad para el corrimiento de tierras, mayor erosión debido al arraste de partículas de suelo entonces hacia los lagos y ríos matando los animales que ahí habitan, etc.).

Y os estaréis preguntando qué tendrá que ver el kit kat con los biocombustibles que encabezaban este artículo. Pues tienen bastante relación. Y es que lo que en este caso se ha presentado como un uso culinario para un recurso natural, también tiene un uso industrial importante (sobre todo para producir biocombustibles), originando los problemas citados en el párrafo anterior.

Por ejemplo, en el caso del aceite de palma que nos ocupa, además de uso culinario, tiene un uso industrial importante en la producción de biodiesel. Este biocombustible, es uno de los que se ha venido proponiendo como producto sustitutivo de los tradicionales, como el petrodiesel o el gasóleo. Otro caso similar se da con McDonald’s y la soja en el Amazonas.

Los biocombustibles agrupan a aquellos derivados de la biomasa, esto es, organismos vivos con anterioridad  y sus respectivos desechos metabólicos (como podría ser el estiércol de la vaca). Los biocombustibles más desarrollados son el bioetanol y el biodiésel.

Parece clara, entonces, la relación que se produce entre la alimentación y ciertos combustibles empleados en el transporte. Y esto lleva a las siguientes cuestiones:

Y es que el papel de los Estados Unidos es fundamental en este mercado de los biocombustibles. Como comenté en uno de mis últimos artículos, aunque EEUU sólo produzca el 2% de su electricidad a partir del petróleo, es indudable su dependencia del oro negro, debido a que existe 1 coche cada 2 personas, combustible en su amplia red industrial, etc. Para EEUU es muy atractivo utilizar biocombustibles, ya que así menor dependencia tendrá de Oriente Medio, y podría limpiar un poco su imagen en lo que respecta a su contribución a los gases de efecto invernadero. Mientras EEUU lidere la producción mundial de bioetanol, los biocombustibles podrían representar un peligro para la alimentación mundial.

Si acompañamos estos datos con que el 40% de la cosecha de maíz mundial (elemento importante para la producción de etanol como biocombustible, pero también para el consumo humano, vacas y cerdos) está en EEUU, se deduce rápidamente que si se destina mucho de este maíz americano a producir etanol, la escasez alimentaria podría florecer de inmediato.

Y se ha puesto el caso del maíz como elemento para la producción de bioetanol en este caso, pero también hay otros alimentos que entran en conflicto como son la soja (China es otro importante jugador en el campo de los biocombustibles) o el azúcar (Brasil). Y es que el bioetanol, se puede obtener tanto de recursos ricos en almidón, como son los cereales (maíz, trigo o cebada) y los tubérculos (la patata entre otros), así como los recursos ricos en sacarosa (caña de azúcar o la melaza) y en celulosa (desechos forestales, por ejemplo). Muchos alimentos que en muchos países darían de comer no deberían ser destinados en grandes cantidades a la producción de biocombustibles.

Resulta también llamativo que estas materias primas se concentran básicamente en Asia, África y América Latina, casualidades de la vida, aquellas regiones donde más necesidades alimentarias existen a día de hoy. Y es que además, el uso extensivo de los biocombustibles ha originado a lo largo de los últimos años fuertes subidas en los precios de los alimentos, hasta del 75%.

En resumidas cuentas, hay que poner sobre la balanza las ventajas y desventajas que reportan los biocombustibles. Cara a la galería en los países desarrollados, está muy bien hablar de la producción de biocomustibles como medio de obtención de energía alternativa que dañe menos el medio ambiente (y más aún ahora que hay que cumplir con el protocolo de Kioto), pero hay que contraponer en la balanza las desventajas que aporta.

Como se comenta en este artículo, para llenar el depósito de un coche se necesita una cantidad de maíz equivalente a lo que necesita una persona para alimentarse un año. O, visto de otra forma, con lo necesario para llenar el depósito de combustible durante 2 semanas, se podrían alimentar 26 personas en un año.

¿No créeis que este coste social es suficientemente importante como para no apoyar el uso intensivo de biocombustibles? Yo creo que sí. ¿Se prefiere hacer más limpia la industria que produce 50 millones de coches al año, o dar de comer a esos 1.000 millones de personas que no tienen con qué alimentarse

Os dejo este sitio web donde se recogen multitud de noticias al respecto y este vídeo a modo de resumen de todo lo analizado en este artículo: