Diamantes de sangre

Zimbabwe es un país africano situado en el sur del continente que vio nacer a los homínidos. Es un país muy pobre, ocupando la posición 143ª de los países por PIB nominal, con un total de aproximadamente 4.400 millones de $, más o menos lo mismo que ganó John Paulson apostando contra las hipotecas subprime.

El problema es que en Zimbabwe viven 12.500.000 personas, por lo que el PIB per cápita es 374 dólares anuales. Esto hace que aproximadamente el 70% de la población viva por debajo del umbral de la pobreza. Además, el futuro tampoco es nada prometedor, ya que mantiene un Índice de Desarrollo Humano (que engloba a factores tales como la educación, la esperanza de vida y el nivel de vida) de 0,513, situándose en el puesto 151 (de un total de aproximadamente 200 naciones). Es el 5º país con mayor número de afectados por el virus del sida, con aproximadamente 1.800.000 personas sufriéndolo.

El país recientemente ha vivido una de las mayores hiperinflaciones de la historia. En Agosto del 2008, la hiperinflación llegó al 11.200.000.000%, quedándose sólo detrás del récord que tiene la Alemania de las entreguerras del 726.000.000.000% de hiperinflación. Los precios en Zimbabwe se duplicaban cada 1,3 días, provocando que este pico de subida se quedase también en 2º lugar, sólo superado por otro sufrido por Hungría en 1946, donde los precios se duplicaban cada 15,6 horas.

El poder compra de los habitantes de Zimbabwe (el gentilicio no me gusta) se vio retrocedido a niveles de 1953. Todo ello ha provocado que el gobierno (ahora pasamos a ello) haya optado por abandonar la divisa local, y esté empleando el rand de Sudáfrica y los dólares americanos (como no, que el FMI por ahí anda). La gente está utilizando cervezas y comidas básicas para comerciar, dado que su divisa vale menos que nada.

¿Y cómo se puede llegar a estos extremos? Dos situaciones clave:

  1. Expropiación de las tierras a los blancos (es una ex-colonia británica), en un esuferzo por equilibrar y repartir las tierras entre los terratenientes blancos y la mayoría de la población negra. Ya sabéis lo que pasa cuando la expropiación es realizada por un gobierno autoritario y corrupto.
  2. Su relación con el FMI. En 2003 suspendió el pago de las deudas que manteía contraídas con el “fondo solidario mundial“, tras verse ahogado en el pago de las mismas. Recientemente ha sido admitido de nuevo como miembro, aunque aún debe dinero (facilitando así que el FMI pueda recetar alguna medida de las suyas).

Otro de sus mayores problemas es que Robert Mugabe es el presidente desde 1981. Ha sido acusado de corrupción, de haber repartido mal las tierras expropiadas en la reforma agraria previamente citada, fraude electoral, etc. Por si fuera poco, Zimbabwe tiene cada vez mayores vínculos económicos con China (China, recordemos, es el país que mayor inversión extranjera directa realiza en África), lo que ha provocado recelos de occidente (básicamente EEUU), ya que Zimbabwe posee una riqueza en recursos naturales como pocos países africanos.

Y es que, por contradictoria que pudiera parecer, en África el mayor problema que están acusando los países desde la oleada de independencias tras las colonizaciones de comienzos del Siglo XX es que los recursos naturales están siendo mal gestionados, de manera corrupta y privando de niveles de vida adecuados a sus ciudadanos. Pasa en Nigeria con el petróleo, pasa en la República Democrática del Congo y en Ruanda con el coltán, pasa en Liberia con el caucho y pasa en Zimbabwe y Sierra Leona (entre otros, pero especialmente en estos países), con los diamantes.

Los países africanos (así como otros muchos asiáticos o sudamericanos) no son pobres en recursos naturales, sino que son pobres en gestión de dichos recursos. Se distribuye mal la riqueza (los países africanos aparecen siempre en último lugar de las clasificaciones por buena distribución de la riqueza), se la quedan los que mandan (gobiernos), sumiendo en la pobreza a las clases populares.

Sierra Leona es otro país extremadamente pobre que ha sufrido una debastadora guerra civil entre 1991 y 2001. Es aún más pobre que Zimbabwe. Tiene un PIB nominal de 1.900 millones de dólares (lo mismo que gana Coca Cola en un trimestre), haciendo que cada ciudadano de dicho país gane aproximadamente 3o0 dólares al año. Y es que en Sierra Leona hay 6.500.000 de bocas que alimentar. Aproximadamente, otro 70% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza.

Su futuro tampoco deja luces de esperanza: posición 180ª de la clasificación del Índice de Desarrollo Humano, con un valor de 0,365. El número de infectados por el virus del sida, aún no siendo igual de dramático que el de Zimbabwe, también es considerable, con un total de 180.000 afectados.

¿Y qué comparten Zimbabwe y Sierra Leona para que esté hablando de ellos?Tienen unos diamantes muy preciosos que cotizan muy alto en los mercados. Concretamente, esos diamantes que tanto gustan a las famosas (182.000 resultados en Google si buscas “diamantes famosas”), son obtenidos en amplísimas cantidades en zonas de guerra, lo que ha hecho que hayan sido bautizados como diamantes de sangre. La UNITA de Angola y el FRU de Sierra Leona son ejemplos proveedores de diamantes de sangre, y aunque Zimbabwe no esté ni haya estado técnicamente en guerra, el gobierno ha estado explotando dichos diamantes igualmente.

Lo peor: los niños mineros (no sé si existe la expresión, me vais a permitir la frivolidad). Claro, para una guerrilla lo más fácil es secuestrar a los niños de las familias, ya que son más moldeables a los intereses de las guerrillas. Fijaros en esta triste imagen:

Niños extrayendo minerales en Kono, Sierra Leona

Niños extrayendo minerales en Kono, Sierra Leona

No es un tema baladí. Las grandes empresas internacionales (entre la que destaca De Beers, fundada por Cecil Rhodes, colonizador británico que estableció Rhodesia, predecesora de la actual Zimbabww, o World Diamond Council) que venden sus diamantes en la Quinta Avenida de New York, en Londres o en París, están comprando estos diamantes a guerrillas, financiando la violación de los derechos humanos en estos países que obtienen los diamantes.

¿Cómo? Esos diamantes hay que encontrarlos, tarea no fácil, por lo que las guerrillas secuestran, privan de derechos, separan a familias, con tal de tener mano de obra con la cual sacar del subsuelo estos diamantes. Echadle un ojo al trailer de la película Diamantes de Sangre para entender el proceso:

El FRU de Sierra Leona se apoderó de las minas de diamantes para de ese modo financiar las armas empleadas durante el conflicto armado que terminó en 2001.

Recientemente en Zimbabwe el campo de Marange con 60.000 hectareas que dicen tiene amplias reservas de diamantes. Unos diamantes preciosos, muchos con la calidad de gema (cuyo comercio es básicamente un monopolio de De Beers), que son la joya de la corona de toda mina de diamantes. La siguiente imagen de los diamantes del campo de Marange la he sacado de este artículo del New York Times:

Diamantes encontrados en el campo de Marange, Zimbabwe

Diamantes encontrados en el campo de Marange, Zimbabwe

Ya se ha bautizado como el mayor hallazgo de diamantes de la historia de la humanidad. El negocio que ésto le podría reportar a Zimbabwe representa aproximadamente la mitad de su PIB. Podrían terminar de golpe con todos los problemas económicos del país.

Pero no lo hará, porque el partido ZANU-PF de Mugabe (con 86 años sigue su régimen autoritario) es el que está supervisando el hallazgo. Muchos ya lo han bautizado como el descubrimiento que salvará al ZANU-PF, en lugar del descubrimiento que salvará a Zimbabwe. Acabará en el mercado negro (como hacían los diamantes del FRU de Sierra Leona o los de la UNITA de Angola), financiando a Mugabe y sus secuaces.

Y aquí un ingenuo se pregunta, ¿pero no hay forma de parar esto? Sí, aunque los resultados no están siendo los esperados. Como no, el “gobierno mundial” de la ONU decidió tomar cartas en el asunto. En 2003, aprobó el Proceso de Kimberley (Kimberley Process Certificacion Scheme o KPCS), un programa de calificaciones que certifica la validez o no de un país para exportar diamantes limpios (es decir, obtenidos sin la violación de derecho humano alguno).

En su establecimiento también colaboraron empresas y ONGs. No sólo atañe al comercio de diamantes de sangre, sino también al conflictivo coltán de la RDC y Ruanda o la madera de Camboya

Así, se pretendía que las multinacionales de las joyas y del lujo, sólo pudieran comprar diamantes a países que tuvieran el certificado. Por ejemplo, Zimbabwe no tiene aún el certificado para exportar dicho descubrimiendo en el campo Marange.

Es un interesante proceso de certificación, ya que entre un 97% y 99% del mercado de diamantes se produce entre los 43 países que han firmado hasta el momento el proceso. Hay países que incluso han sido expulsados por no cumplir las exigencias del proceso de certificación (básicamente que la obtención de los diamantes no financie algún grupo rebelde, que todo diamante venga con un certificado de su cumplimiento con el Proceso de Kimberley y que no se exporte/importe de algún país no miembro del plan).

El proceso todavía no ha conseguido los resultados esperados. Sigue habiendo tráfico de diamantes conflictivos, pero es un paso adelante para que el continente africano consiga salir de esa lacra que sufre (por contradictorio que parezca) por su inmensa riqueza mineral y natural.

2 responses to this post.

  1. LA PELICULA ES BUENA, TIENE BUENOS EFECTOS LOS PERSONAJES DRAMATIZAN BIÉN LOS SENTIMIENTOS DENTRO DE HISTORÍA .
    SE VE UNA REALIDAD DE LA POBREZA EN LA QUE ESTAN ALGUNOS PAISES, DE LA QUE SE APROVECHAN ECONOMICAMENTE INTIMIDANDOLOS Y SACANDO BENIFICIOS DE SU SITUACIÓN.
    SIN EL RESPETO POR LOS DERECHOS HUMANOS.

    Responder

  2. Posted by Beth on agosto 8, 2011 at 7:41 am

    me encanta tu articulo.

    Responder

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