Rescate a Grecia y la historia del dinero

En este artículo básicamente voy a escribir la clase que tuvimos el Lunes de Sistemas de Control de Gestión en la Universidad de Deusto. Siempre creo interesante transmitir a los alumnos los temas de actualidad en materia económica. Y como no, el tema de actualidad por excelencia es el rescate a Grecia. Los ministos de Finanzas de la Zona Euro han acordado recientemente prestar (si se llega a dar el caso, porque Grecia de momento ha dicho que no lo necesita) hasta un total de 30.000 millones de euros en préstamos bilaterales (vamos de país a país, es decir, de cada participante a Grecia de manera bilateral). Además, de manera complementaria, el Fondo Monetario Internacional aportaría los fondos extra que fueran necesarios.

Por esta cantidad que se presta a Grecia, los griegos deberán pagar un tipo de interés del 5%. Esto es una buena noticia para Grecia, ya que hasta ahora había tenido que estar financiándose con la emisión de deuda (letras y bonos) a unos tipos en torno al 6,5-7%. Aunque eso sí, el 5% es superior al coste que le reportaría a Grecia pedírselo al FMI, pero claro, eso sería un fracaso para la Zona Euro, así que hay que evitarlo a toda costa.

A España, le correspondería prestar (que no dar) 3.675 millones de euros, cifra que corresponde al 12,25% de porcentaje de capital del Banco Central Europeo con el que España cuenta entre los 15 países que se han comprometido a tomar parte en el plan de ayuda a Grecia.

Todo esto, lo utilicé para plantear una serie de cuestiones a los alumnos a raíz de las palabras que el director gerente del FMI (Strauss-Kahn) había dirigido al pueblo griego, instándole a tomar una serie de medidas. Ya que Grecia no puede devaluar su moneda y ha reducido hasta en un 25% su competitividad con respecto a Alemania, Strauss-Kahn recomendaba a Grecia buscar una política de deflación, recortes salariales y unas rebajas en sus precios.

Y aquí anduvimos hablando sobre como la deflación puede hacer entrar en un círculo vicioso a Grecia (caída generalizada de los precios, la gente no consume esperando a que sigan bajando, etc.), por lo que esa política debiera ser meramente coyuntural, pero no prolongada en el tiempo. Vimos también como tras la mayor crisis económica de la historia (la Gran Depresión que se originó tras el crac del 29), se produjeron fuertes deflaciones (24% en EEUU o 25% en Japón), que hundieron literalmente la economía.

La deflación hay que evitarla. Entonces, ¿es buena la inflación? Sí, de manera moderada (en una situación como la actual que esté sobre el 2%, y en una situación de mejora económica, que ronde el 5%), pero evitando a toda costa la hiperinflación. Y es que este fenómeno es muy dañino para una economía: las familias pierden poder adquisitivo (como consecuencia de la hiperinflación, los precios suben por encima de los sueldos y salarios, luego la gente tiene menos poder de compra) y los ciudadanos se fugan con sus capitales a otros países más estables.

Es fácil entender un proceso de hiperinflación. ¿Dónde vale más el agua, en España (donde hemos tenido uno de los inviernos más lluviosos de la historia) o en el desierto del Sáhara? Obviamente en el Sáhara, donde hay poco agua. Pues con los billetes y monedas igual. Allá donde haya muchos de éstos, menos valdrán éstos, pudiendo llegar a darse una hiperinflación en caso de que el gobierno central correspondiente le da por apretar el botón de imprimir billetes como loco (manera sencilla de salir de una época de recesión, ¿no?).

Lo que pasa, que si imprimes demasiados billetes, éstos valdrán tan poco que será mejor comerciar con otros medios de pago (como pudiera ser el portátil con el que estáis leyendo este artículo, una colección de sellos o la cerveza que os tomaréis este fin de semana). Actualmente, Zimbabwe tiene una de las hiperinflaciones más grandes de la historia (un 100.000%), lo que ha llevado a que el dólar valga tan poco que la gente esté comerciando con cervezas, que tienen mayor valor que la propia divisa en la actualidad. Con este ejemplo quizás os expliquéis porque no es una solución imprimir billetes como locos para salir de una crisis.

Pero la mayor hiperinflación de la historia ocurrió en Alemania después de la I Guerra Mundial. En base al Tratado de Versalles, los países vencidos (entre los que estaba Alemania) debían indemnizar por los daños causados a los vencedores. Solución rápida: imprimamos billetes por doquier. Consecuencias: la hiperinflación llegó a alcanzar prácticamente el 1.000.000.000.000%.

La situación era tan caótica que un dólar costaba 4,2 billones de marcos. Se pagaba con sellos que tenían más valor que la propia divisa (el marco de por aquel entonces). La República de Weimar estuvo al borde del colapso, e incluso sufrió invasiones francesas y belgas en sus principales zonas industriales para buscar por la fuerza el dinero que Alemania adeudaba. Alemania salió de esta situación al borde de la quiebra retirando su monedo, introduciendo una nueva (el Rentenmark), provocando que los alemanes perdieran todo el (poco) dinero que tenían.

Y en una situación como esta uno se puede preguntar, ¿qué es el dinero entonces? ¿por qué el dinero puede llegar a ser tan poco valioso en Alemania en el año 1923 para que se pague con sellos o en la Zimbabwe actual para que se pague con cervezas? En ambas épocas hay un factor cómun: el dinero no estaba respaldado. Me explico.

Cuando en Alemania se pagaba con sellos y en Zimbabwe con cervezas, en realidad se estaba volviendo al viejo mecanismo de intercambio de productos/servicios por otros productos/servicios, esto es, el trueque. Sin embargo, el trueque originaba algunos desequilibrios, sobre todo en cuanto al valor exacto de los objetos que eran origen de intercambio. Es decir, faltaba una unidad de valor. Esta falta de unidad de valor dio lugar a la aparición de las primeras monedas en el Siglo VII BC en lo que hoy en día es Turquía. Los billetes, sin embargo, no aparecieron hasta el siglo AD VII en China.

Apareció el dinero (ya fueran monedas o billetes) como medio de intercambio común y generalmente aceptado. Y para darle un valor de respaldo (en realidad un billete no es más que un trozo de papel) desde el siglo XVIII hasta el XIX se utilizó un patrón bimetálico: el dinero valía una determinada cantidad de oro o plata. Desde 1870 a 1919 únicamente se utilizó el patrón oro. Sin embargo, en el período de entreguerras (I y II Guerra Mundial), se abandonó cualquier patrón, lo que hizo por ejemplo que se diera lugar a la hiperinflación de Alemania, ya que al no estar el marco respaldado, ¿cuánto vale el mercado cuando éste abunda demasiado? Nada, no hay oro o plata detrás de él.

En un intento por reestablecer el orden y la estabilidad económica mundial, a punto de finalizar la 2ª Guerra Mundial, en Bretton Woods, se produjeron unos acuerdos en términos monetarios y financieros en una conferencia organizada por la recién creada Organización de las Naciones Unidas. Todas las divisas de los allí firmantes se convertirían a dólares, y el dólar al oro a su vez, a razón de 35 dólares = 1 onza de oro.

Sin embargo, este equilibrio de divisas mundiales (aquellas que se denominaban divisas convertibles) fue disuelto de manera unilateral por el presidente de EEUU Richard Nixon (el del escándalo Watergate), ya que en medio de la Guerra de Vietnam se hubo de imprimir muchos dólares que no eran respaldados con posesión real de oro. Este abandono por parte de Nixon muchos lo ven aún como el nacimiento del neocapitalismo que ha terminado derrumbado por la crisis actual. Es decir, el desahucio de Keynes (intervención y papel del Estado en la economía) y el triunfo del monetarismo de Milton Friedman (antiintervencionismo del Estado, que “cada uno haga lo que pueda/quiera”).

Este abandono del patrón oro dio lugar a lo que hoy en día conocemos como dinero fiduciario. Esto es, las monedas y billetes no valen una cierta cantidad de oro o cualquier otro metal preciado, ni siquiera tienen un valor intrínseco (es decir, que están hechas de oro o de plata que haría que tuvieran un valor). De hecho, la mayoría de las monedas están fabricadas con aleaciones de cobre. Por lo tanto, el valor de las monedas y billetes actualmente se basa en que el Estado las declara como unidad de valor y el ciudadano percibe un crédito y confianza en la utilización del mismo.

Con todas estas explicaciones, planteé finalmente la situación que se podría dar ante una eventual quiebra de Grecia. Desde el abandono del patrón oro, el valor de muchas divisas fluctuaban en el mercado en base a la oferta y demanda mientras que otras veían fijado su valor en base al Banco Central correspondiente (como pasa en la actualidad con eso de que China devalúa su moneda artificialmente). Es decir, había unas con tipos de cambio flexible (fluctuaban en el mercado) y otros fijos (el banco central intervenía). Un ejemplo de éstas últimas fue Argentina, hasta el año 2001, cuando abandonó su convertibilidad 1 peso = 1 dólar, dada la grave crisis que atravesó en Diciembre del 2001. Argentina aún arrastra consecuencias del default (no pagar sus obligaciones, los rumores que apuntan a Grecia ahora):

  • Default de 81.800 millones de dólares de deuda pública.
  • En 2001 su PIB bajó el 10,1%.
  • En la actualidad, su CDS (ese seguro contra el impago eventual de Argentina) es del 10%, frente al 0,49% alemán por ejemplo. Es decir, a las empresas públicas y privadas argentinas, no sólo les resulta caro pedir dinero (tipos de interés alto cuando piden dinero), sino que les es caro también asegurarlos (CDS alto). De hecho, incluso se producen un 40% de rechazos cuando Argentina va a pedir financiación al exterior.

Así que las consecuencias ante un eventual default de Grecia porque sus amigos europeos no la rescaten serían muy graves. Quizás ahora se entienda mejor porque urge actuar.

Me pregunto, ahora para terminar, a ver cómo le explico yo ahora a mi ama que toda la colección de billetes y monedas que posee únicamente tiene un valor fiduciario🙂

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