El sector agrícola no goza de libertad económica

En el último artículo planteaba la tesitura de si realmente vivimos en una economía libre o no. Creo que con los ejemplos que expuse, quedó claro que existen muchos fallos de mercado en la actualidad que hacen que la libertad quede en entredicho. De todas formas, no se puede generalizar, ya que hay sectores en los cuales la libertad es muy baja. Y uno de ellos es el sector de la alimentación.

Lo que creo que nadie duda es que la competencia en este sector es alta. Vaya por delante un ejemplo. La cuota de mercado de la leche en España queda repartida de la siguiente manera:

  1. CAPSA (Central Lechera Asturiana + ATO): 13.6 %
  2. Grupo Puleva: 9.3 %
  3. Grupo Pascual: 8.1 %
  4. Lactalis: 3 % (Que acaba de comprar la división de Puleva, lo que le aupará a la 2ª posición)
  5. Marca blanca: 48.8 %

¿Qué escenario plantean las estadísticas anteriores? Pues básicamente lo que se ha hablado mucho en los últimos tiempos, que las marcas blancas han introducido un escenario de guerra de precios. Esta introducción de marcas blancas y la consiguiente guerra de precios, (Hacendado en Mercadona, la propia marca corporativa de Carrefour, etc.), incluso ha provocado una disminución importante en los beneficios de las empresas.

Esta situación, que en apariencia pudiera parecer interesante (la competencia equilibra los precios y reduce poderes) para el sector de la alimentación en general o el de la leche en particular, no lo es tanto en la práctica. ¿Por qué? En primer lugar, y poniéndonos en la piel de todo comerciante, porque una guerra de precios acaba favoreciendo a los grandes centros de distribución (ya que son los que pueden “jugar” mejor con los márgenes), a costa de quitar cuota de mercado a los pequeños comerciantes (esas pequeñas tiendas que tenemos en todos los pueblos, ya sabéis, “las de toda la vida”). Es decir, un juego de suma cero.

Pero la cadena de distribución de todo alimento es muy larga. No sólo larga, sino que con muchos agentes por medio. Para ello, pongo un ejemplo que utilicé en clase: el tomate en España. Desde que el tomate es recogido de la rama, hasta que llega al distribuidor final (leáse Mercadona, Eroski, Carrefour, Dia o la tienda de “toda la vida”), llega a encarecerse hasta un 500%, como puede verse en lo que en este interesante blog llamaron “La odisea del tomate”.

Así que parece muy interesante en términos económicos (en otras palabras, muy lucrativo) no sólo ya el caso del tomate, sino el del sector agrícola en general, como puede apreciarse en la tabla de Índice de Precios en Origen y Destino de los alimentos de Enero del 2010. En la tabla, se puede ver como por ejemplo el plátano se encarece un 1000% o la zanahoria algo más del 760%. Aquí hay algo que no funciona, hay gente que se está quedando con mucho dinero por el camino, que no son precisamente los productores y recolectores de la materia prima. ¿Es esto una economía libre?

Pero la cosa tiene más miga. Y es que en España mientras que todos esos intermediarios obtienen cuantiosos beneficios distribuyendo el tomate, la zanahoria o el plátano, los productores primarios sobrevivan gracias a las ayudas de la Unión Europea. ¿Es esto justo en una economía de mercado libre?

A nivel de la Unión Europea se tiene una Política Agrícola Común (PAC), que básicamente consiste en una serie de subvenciones que se dan a la producción agrícola. Sus objetivos, pues los de siempre: que si estabilizar el mercado, garantizar un nivel de vida equitativo para todos los agentes del sector agrícola, etc. Pero lo que realmente se logra es generar una mayor desigualdad respecto a una economía global y dinámica como la actual. ¿Por qué? Vale, por un lado los agricultores, siguiendo con el ejemplo supongamos que españoles, deben recibir la ayuda para que les sea eficiente su cosecha. Pero, ¿y qué pasa con los agricultores de los países desarrollados?

Realmente estas subvenciones crean un precio artificial, ya que a los agricultores europeos se les permite mantener unos precios de venta considerablemente dignos, mientras los agricultores africanos no pueden hacer frente a ello. Para ello, La Organización Mundial del Comercio organizó la Ronda de Doha, con el objetivo de conseguir una mayor libertad en el mercado agrícola. Las subvenciones y ayudas que comentábamos son las que privan de dicha libertad, al no tener condiciones iguales para todos los que participan.

Pero luego está el otro punto de vista, el de los propios agricultores europeos que se quejan de que incluso con estas subvenciones no les da para ganar lo suficiente. Es por ello que muchas veces han optado por tirar largas cosechas o por manifestarse con sus vacas en Bruselas tirando litros y litros de leche. ¿Qué intentan conseguir tirando su producción? Que su precio suba, ya que ante la escasez de algo, ya se sabe eso de que sube su valor.

Parece difícil conseguir cuadrar el círculo (agricultores europeos vs. países en desarrollo). Pero lo que sí que creo que queda claro es que el mercado tiene varios fallos, como los que comentaba en el artículo anterior. Ya no sólo a nivel europeo, sino a nivel global. Y para ello, listo a continuación algunos ejemplos de varios sectores:

Y podría poner varios ejemplos más, pero creo que con esto ha quedado claro cómo está el sector agrícola en la actualidad. Además, volviendo a lo que comentaba al principio, ¿y todo lo que ganan los intermediarios en España desde que el tomate sale de la rama hasta que está en el distribuidor final? ¿no habría alguna forma de limitar el poder que tienen estos intermediarios (de nuevo, concentración de poder debido a la escasez)?

Yo creo que sí, y siempre he creído que sería interesante poder comprar directamente a los agricultores. Para ello, han nacido iniciativas como Colectivia, empresa de reciente creación promovida por un buen amigo que pretende juntar a personas interesadas en comprar un mismo producto, de manera que se reduzcan los costes de logística. ¿Os parece buena idea? A mí sí, así que, ¡mucha suerte Txema!

5 responses to this post.

  1. ¡Muchas gracias por la mención Alex! pronto estaremos en marcha. Esperamos encontrarte por colectivia.com.

    Un abrazo

    Txema

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  2. Seguro que me encuentras por ahí🙂

    Creo que escribiré otro artículo sobre vuestra iniciativa exclusivamente, porque amistad aparte, creo que es un proyecto muy interesante🙂

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  3. […] El sector agrícola no goza de libertad económica [ alexrayon.wordpress.com ] […]

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  4. Posted by eboke on marzo 17, 2010 at 7:16 pm

    Los primeros que no quieren la globalización son los agricultores (sobretodo los franceses), para no perder las jugosas subvenciones.

    Y de los de España ni hablo: http://www.elmundo.es/elmundo/2010/03/11/andalucia/1268312363.html

    Responder

  5. @eboke: Cuanta razón… pero creo que el mundo tiende a entenderse, así que en algún momento habrá que “arreglar” los desequilibrios agrarios… ¿Cómo? Buena pregunta…

    Responder

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