Dándole vueltas a los problemas de España

Acabo de leer un artículo de uno de mis columnistas preferidos, y me ha parecido interesante escribir un artículo sobre alguna de las cuestiones que comenta porque es un tema que he visto en clase con los alumnos en los últimos días. El artículo de Juan Carlos habla sobre la falta de competitividad en España, tema del que hablé en uno de mis últimos artículos también.

Un aspecto interesante que se plantea en la columna es el reto actual sobre cómo aumentar la competitividad de las empresas. Esta, básicamente se centra en la reducción de costes. Un ejemplo. Una empresa de las de toda la vida de La Rioja quiere seguir vendiendo las 100 botellas de vino que produce, pero quiero hacer que éstas tengan unos menores costes industriales, para poder luego venderla más barata. Unos sencillos y ficticios números que expliquen el problema:

  • Actualmente:
    • Coste industrial de la botella (lo que le cuesta a la empresa fabricarla): 80 céntimos de €.
    • Precio de venta de la botella (por lo que la empresa se lo vende al público): 1 €.
    • Margen de ganancia para la empresa (Precio – Coste industrial): 20 céntimos de €.
  • Objetivo a corto plazo para ganar competitividad en España:
    • Coste industrial de la botella (consigo reducir costes, ahora veremos cuáles): 60 céntimos de €.
    • Precio de venta de la botella (la vendo más barata, que como no puedo devaluar el € por estar en la Zona Euro, pues es la alternativa que tengo para competir contra el resto): 80 céntimos de €.
    • Margen de ganancia para la empresa: 20 céntimos de €.

Ejemplo sencillo, pero que expone la realidad actual. Vale, las empresas tienen que conseguir reducir costes. Lo fácil, y el planteamiento que se está siguiendo en España actualmente, es reducir los costes empresariales, que básicamente se resumen en las cuotas a la Seguridad Social (para que los trabajadores puedan gozar en el futuro de una pensión, de una cobertura por desempleo si vienen mal dadas, de un sueldo cuando estén de baja, etc.) o bajando los salarios.

Claro, el gobierno no quiere oír hablar de lo primero, que sino ya sabemos que ponemos en peligro las pensiones del futuro, el estado del bienestar, etc. (lo cual, por otra parte, me parece fundamental). Por lo tanto, las empresas han optado por la segunda alternativa, bajar/congelar salarios (en el mejor de los casos) o desprenderse de empleados (en el peor de los casos). En España, además, resulta realmente costoso despedir a empleados (2º país de Europa con mayor coste por despido, tras el Reino Unido), lo cual provoca que las empresas se vuelvan reticentes a contratar personas de manera indefinida. ¿Para cuando una reforma laboral de unificación de contratos? La polarización de contratos de trabajo (indefinido o temporal) está haciendo mucho daño a España.

Bueno, entre tanto a alguno se le ha ocurrido implantar un modelo alemán de contrato de trabajo (un pseudo-ERE, en el que supongo que nadie le recordaría en su momento que en España tenemos un 20% de paro frente al 9% alemán, ante lo cual no creo que ni siquiera lo hubiera propuesto) o, lo último en innovación de despropósitos ha venido por el patrón de los patronos, es decir, Díaz Ferrán, con su propuesta de un contrato para jóvenes de estilo pseudo-feudal/esclavo.

Pero, ¿no créeis que es hora que se les ocurra alguna innovación de éstas con nombre bonito (léase Ley de Economía Sostenible) en el que se trate de reducir algún otro coste que no sean los salarios? Ah! Claro! Que es que reducir los costes fijos (básicamente, sueldos y salarios) es lo fácil, no tengo que pensar mucho.

Creo que va siendo hora de darle vueltas al coco. Para ello, como comentaba en mi artículo “España, ¿qué te pasa?”, es fundamental la inversión en I+D+i, acompañándolo de un importante sistema educativo. De ahí que me parezca más que estupendo que se esté trabajando en un Pacto de Estado por la Ley de Ciencia y otro en Educación.

¿Qué conseguiríamos apostando por una I+D+i fuerte y una sociedad basada en el conocimiento? Conseguir innovación a todos los niveles, ya que innovar (palabra estigmatizada por aquellos escépticos en el retorno que ofrece a los que invierten en ella) no es más que alterar lo existente con cambios, que creo que es justo lo que necesita España.

De nuevo pregunto, ¿qué conseguiríamos con esto? Pues dejar de atacar siempre a los costes fijos (dejemos que las personas sigan disfrutando de sus salarios) para aumentar la productividad y atacar más a los variables, que también son modificables (claro, pero hay que pensar más). Un sencillo ejemplo que vimos en clase el otro día para de manera simple explicar qué era esto de atacar los costes variables.

Un caso de éxito de una casa de libros en Londres. Un distribuidor de libros de Londres, se dio cuenta que devolvía el 30% de los libros que le llegaban de las editoriales, ya que no conseguía venderlos. Es decir, existía una cuantía considerable de costes variables (imprimo más libros, más costes variables tengo) que eran despilfarrados, ya que los libros no salían de las tiendas. ¿Solución? Imprimir los libros bajo demanda (lo que se ha empezado a llamar en la industria Printing On Demand o POD)en la propia casa de libros, consiguiendo reducir los costes variables. ¿Resultado? Un éxito de cómo salir de una crisis sin tener que tocar los salarios, simplemente tocando los costes industriales.

Alguno estará diciendo, “vaya chorrada, es un ejemplo muy sencillo”. Pues yo no opino eso. Bueno sí, creo que es un sencillo ejemplo, pero un sencillo ejemplo que puede extrapolarse a que en toda industria la optimización de los costes no pasa sólo por recortar salarios, sino por ser óptimos en cualquier eslabón de la cadena de producción/servicios.

Un último apunte, tan importante o más que la última idea que he expuesto. En la columna de Juan Carlos, se cita otra solución que me parece más que acertada: reducir el margen de ganancia de las empresas. Simple ecuación:

Ganancia = Precio – Coste industrial

En un momento como el actual en el que para ganar competitividad tengo que bajar los precios con los que ofrezco mis productos, puedo, o bien reducir los costes industriales (lo que hemos visto hasta ahora en este artículo) o bien, que las empresas renuncien a ganar tanto. Y es que en España hay una codicia empresarial que roza el ateísmo ético.

Existe un argumento económico denominado Ley de hierro de los sueldos promulgada en su día por el economista David Ricardo (que ya he citrado en más de una ocasión, así que vamos, viene a ser alguien a quién oír), que básicamente expone que los salarios tienden naturalmente hacia un nivel mínimo básico para cubrir las necesidades diarias de los trabajadores. ¿Por qué no plantear esto mismo para las empresas? Eso mismo se preguntó allá por el año 1990 el entonces vicepresidente Alfonso Guerra. ¿Resultado de su propuesta? El capitalismo la silenció. Amén.

3 responses to this post.

  1. Posted by uka on marzo 7, 2010 at 12:43 pm

    Leyendo este artículo, he sentido un poco de miedo
    y ala vez resquemor. Me explico ,si bajamos los
    gastos en una empresa podemos bajar la calidad
    del producto, hoy día la mayor parte de las empresas quieren o funcionan con el lema
    “Mínimo gasto máximo beneficio”,imagínemos una empresa de construcción si baja la calidad de los forjados y aglomerados ¿correríamos el peligro que un día no muy lejano esa casa o puente o…se derrumbase? Mi pobre opinión creo que sería mejor optar por el tema de los salarios, muchos altos cargos podrían vivir igual es decir exactamente igual, cobrando bastante menos. Entiendo que es muy fácil decir esto, y que es difícil llevarlo a la práctica, pero sería cuestión de empezar a mentalizarse y concienciarse TODOS.
    Un saludo.

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  2. […] Dándole vueltas a los problemas de España [ alexrayon.wordpress.com ] […]

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  3. @uka: No estoy muy de acuerdo (¿no se debería llevar la contraria nunca a ama no?🙂 con que bajar los costes implique una depreciación de la calidad. Me parece que es un cliché muy extendido en la sociedad occidental, quizás porque está muy extendido (y a mi juicio mal interpretado) eso de “es que los chinos lo hacen igual, pero con peor calidad”.

    En mi opinión, ser óptimo en costes, o no superlativo pero si aunque sea “más eficiente en costes”, puede no afectar a la calidad.

    Quizás haya casos que sí, pero son aquellos que no han innovado a todos los niveles de la cadena de producción de la empresa.

    Por ejemplo, el sector de la automoción. ¿Tiene Seat una peor calidad que Wolkswagen? No, de hecho comparten motores.

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